Lluvia en París II

Viendo a tanta gente correr no puedo evitar fijarme en un chico que está quieto, que no se protege de la lluvia. Al contrario, parece ser que busca mojarse. ¿Por qué? Aunque sea verano hace viento, y con el agua hace incluso frío. La gente se ha puesto sudaderas o chaquetas finas, pero este chico sigue en manga corta, con los brazos abiertos y la mirada al cielo.

“Qué chico ta curioso”, me da por pensar. Estoy tan absorta mirando lo que está haciendo que cuando me doy cuenta ya he derramado más de la mitad de mi café con leche.

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Silencio

Shh… Silencio. No digas nada. Cierra los ojos y disfruta.

Déjate mojar por las gotas de agua. Escucha cómo el árbol te protege de mojarte demasiado. Escucha cómo las hojas reciben las gotas con un sonoro ruido que se convierte en caramelo para tus oídos. Saca la mano y deja que se inunde del agua de la lluvia, deja que se enfríe por la sensación de humedad, por el sutil viento que se cuela entre tus dedos.

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