Silencio

Shh… Silencio. No digas nada. Cierra los ojos y disfruta.

Déjate mojar por las gotas de agua. Escucha cómo el árbol te protege de mojarte demasiado. Escucha cómo las hojas reciben las gotas con un sonoro ruido que se convierte en caramelo para tus oídos. Saca la mano y deja que se inunde del agua de la lluvia, deja que se enfríe por la sensación de humedad, por el sutil viento que se cuela entre tus dedos.

Disfruta de esta sensación, pues sabes que no dura eternamente.

Escucha a tu caballo, como rasca con las patas delanteras el suelo mojado, cómo él también disfruta de las mismas sensaciones que tú.

Habéis llegado los dos solos hasta este prado, en el que solo está el árbol en el que os refugiáis.

Nadie os busca.

Nadie os molesta.

Eres tú y el caballo. El caballo y tú.

Te toca la espalda con el morro. Busca tus caricias, y tú se las das. Acaricias su cabeza y coges aire. Notas su olor y disfrutas de esta sensación. Sigues acariciándole y llegas a su cuello, fuerte como un roble. Hundes tu mano en su pelaje y él te abraza, agachando la cabeza contra tu espalda y quedáis unidos en un abrazo que os proporciona calor a los dos.

Os hace sentir tan bien…

La lluvia empieza a cesar, cada vez caen menos gotas. Habéis disfrutado del silencio.

Vuestro silencio.

Ahora debéis regresar. Hay gente que os espera, gente querida. Amigos, familiares; algunos están aquí, y otros están entre las estrellas, entre los pájaros y entre las gotas de lluvia.

Debéis regresar…

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