Baño de espuma II

Muy despacio, se fue levantando para coger el albornoz pero, cuando fue a poner un pie fuera de la bañera, al otro lado de la puerta se escucharon unos pies que frenaban de golpe. Ella se quedó de nuevo sin respiración, de pie y con gotas que caían dentro de la bañera haciendo un ruido que en ese momento le pareció tremendo.

Los pasos reanudaron su ritmo y Anna pensó que había entrado en la cocina. Aprovechó para salir de la bañera y ponerse el albornoz, pero al hacerlo con tanta prisa, el cepillo del pelo cayó en el suelo, haciendo un ruido tremendo. Anna maldeció como nunca lo había hecho cuando se abrió la puerta de golpe. Allí estaba él. Víctor.

– Sabía que no me había equivocado. – Anna, muda de terror, se lo quedó mirando con los ojos abiertos como platos, sintiéndose más indefensa que nunca.

– Cómo me has encontrado? -.

– Qué más da? Lo importante es que te he encontrado. Quiero que vuelvas. Vuelve a casa y empecemos de nuevo. He cambiado, ya no soy como antes. Te quiero y no quiero volver a perderte. No lo permitiré. La persona que conocías ya no existe. – Anna lo conocía muy bien. Había aprendido desde entonces lo que era el chantaje emocional. No volvería a caer en su trampa. Otra vez no. Sabía lo que pasaba a las mujeres que no escapaban de las cárceles que sus maridos habían creado para ellas y ella tenía claro que no quería ser una víctima más.

Le propinó una patada lo más fuerte que pudo en su entrepierna y salió del baño en dirección a la puerta, pero cuando iba a abrir se dio cuenta de que estaba cerrado con llave, y las llaves no estaban en la cerradura.

Cabrón, pensó. Se dio la vuelta para ir a la cocina, pero sabía que se lo encontraría en el pasillo antes de llegar a ella, así que rebuscó en su bolso para coger el móbil, cuando un fuerte empujón le enclastó la frente en el espejo del recibidor, haciéndola sangrar de forma alarmante.

Antes de caer al suelo, él ya la estaba agarrando para zarandearla.

– Te he dicho que te quiero y lo que haces es darme una patada? ¡¿Ves como no soy yo el culpable aquí?! Eres una puta desagradecida. ¡Después de todo lo que te he dado todos los años que hemos estado juntos! – Anna no podía zafarse de él. El golpe en la frente la había dejado aturdida. Escupió sangre de la boca.

– Dices que has cambiado, pero mírame. – haciendo acopio de valentía, levantó la mirada hacia la de él. – Ya estás haciéndome sangrar otra vez. – Anna tenía lágrimas en los ojos que intentaba contener con todas sus fuerzas.

Víctor la soltó de golpe. Su intento por recuperarla, por hacerle creer que había cambiado estaba fracasando. Ella cayó al suelo de rodillas. Recuperando el aliento, se separó de él y con la ayuda de la silla más cercana, se levantó de nuevo.

– Nunca vas a cambiar. Una persona como tú no puede cambiar. Estás enfermo. Eres agresivo, ofensivo, manipulador y cruel. Siempre estás prometiendo cosas que sabes que nunca vas a cumplir. Quiero que te olvides de mí, que me dejes en paz y desaparezcas de mi vida para siempre. Ojalá nunca te hubiera conocido. Me das asco.

En otro de sus arrebatos de furia, Víctor saltó a por ella, pero Anna, que ya lo prevenía, lo esquivó y corrió hacia la cocina, a sabiendas de que él estaba a un paso detrás suya. En la encimera había el cuchillo que había lavado ese mismo mediodía. Lo cogió con la intención de amenazarlo. Se dio la vuelta y cuando Víctor se abalanzó hacia ella, en un reflejo automático, puso el cuchillo delante suyo, clavándoselo en el abdomen.

Víctor se paró de golpe y se miró sorprendido el abdomen. Con una mueca de dolor se retiró un par de pasos atrás, pero Anna no soltó el cuchillo. Víctor cayó de rodillas, viendo cómo se le escapaba la vida de igual forma que se le escapaba la sangre de la herida.

Acabó muriendo al cabo de unos largos minutos agonizando. Anna, aunque en ese momento no lo sintiera así, había sido una de las afortunadas.

Quince minutos más tarde, llegó la policía, que al cabo de una hora retiró el cuerpo y se llevaron a Anna, en estado de shock, al hospital.

 

Bueno, aquí llega la segunda parte! Siento haber tardado tanto, pero a veces me resulta imposible publicar tanto como me gustaría. De todas formas, aquí os lo dejo y espero que lo disfrutéis leyendo tanto como yo lo he disfrutado al escribirlo.

Me gustaría dar un fuerte abrazo a todas esas víctimas de malos tratos que hay en nuestro país y en tantos otros. Os animo a que denunciéis a quien os está quitando eso que tanto merecéis tener: vuestra vida, vuestra felicidad.

Un beso a todos y a todas! A partir de ahora iré publicando más a menudo y recordad, si tenéis alguna idea, sugerencia de algo que os gustaría que contara o incluso algún relato de algún tema en concreto, os animo a que me lo digáis para poder disfrutar de esas maravillosas ideas que todos tenemos en nuestras cabezas!

Adiós lectores y lectoras!

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