Baño de espuma

Ana por fin volvía del trabajo. Era una noche de finales de octubre y empezaba a tener frío, así que se apresuró para llegar a casa cuanto antes. Hacía un año que se había mudado a ese pequeño apartamento y lo que más adoraba era la bañera, donde se daba unos baños de espuma relajantes cuando sentía que el estrés del trabajo empezaba a poder con ella.

Fue a dejar el bolso en el armario y dejó sus botas de agua en la entrada, para no mojar todo el suelo. Antes de entrar en la habitación, entró en el baño para abrir el grifo del agua caliente para que la bañera se fuera llenando. Una vez en su habitación, se quitó la ropa y se dirigió al baño para desmaquillarse y preparar las sales de baño y las velas, que ya tenía guardadas en una misma cajita en el armario del baño.

Una vez encendidas todas las velas, metió el primer pie y poco a poco se fue sumergiendo hasta meter la cabeza bajo el agua. El frío que había cogido en la calle se le fue pasando al estar envuelta del agua caliente.

Veinte minutos más tarde, adormilada entre el agua caliente y el aroma de las sales, oyó un ruido lejano, parecido al de una puerta al abrirse. Ana no le dio más importancia porque pensó que serían los vecinos, que siempre habían sido muy ruidosos. Desde que se había mudado a ese apartamento, había conocido a los vecinos de su misma planta y, aunque eran muy buena gente, eran muy ruidosos, cosa que a veces irritaba a Ana. Pero esa noche no. No mientras disfrutaba de su baño relajante.

Otro ruido. Esta vez más fuerte y providente de dentro de la casa. Ana no se movió. Solo se escuchaba el goteo del grifo de la bañera. No se atrevía ni a respirar. Vivía sola y nadie más tenía las llaves de su casa. “Víctor”, pensó. Aunque era imposible, era la primera persona que le vino a la mente. Su expareja, Víctor, que había abusado de ella durante tres años.

Nadie sabía dónde vivía; se había mudado a ese pueblo alejado de la ciudad para que él no la encontrara. Silencio. No te muevas. No hagas ruido. No respires. Sabía que si se movía, quien fuera que estuviera en su casa la oiría. Las luces de la casa estaban apagadas, y el baño sólo estaba iluminado por las velas que había encendido, así que, con suerte, el intruso no vería que ella estaba en casa.

Ana se dio cuenta de que estaba temblando cuando el agua a su alrededor empezaba a moverse, siguiendo las vibraciones de su cuerpo. Quería poder controlar su cuerpo, pero esa era su forma de reaccionar al miedo. Una lágrima le resbalaba por la mejilla. Recordaba las palizas que Víctor le había dado, los insultos, la forma en que la había aislado de sus amigos y su familia. Ahora seguía sin verlos, pero esa era la única forma de evitar sus palizas.

Su oído estaba más agudo que nunca; desde que le propinó el primer puñetazo, ella aprendió a identificar sus gestos, sus expresiones y cualquier ruido que él hiciera para saber de qué humor entraba en casa. Intentó identificar de qué parte de la casa provenía el ruido. El primer portazo venía sin lugar a dudas de la puerta de entrada del apartamento. Aunque no había escuchado esos primeros pasos hacia dónde iban, ahora sí que podía ver cómo poco a poco se iban acercando a la puerta del baño. Ana seguía aterrorizada. En realidad no sabía a ciencia cierta de que era Víctor el que había entrado, pero en el caso de que no fuera él, había alguien más en la casa. Y ella estaba desnuda, temblando dentro de la bañera y sin nada con que defenderse.

Por su cabeza pasaban mil cosas: las que podría hacer y las que no había hecho. No había traído el móvil al baño; lo había dejado dentro del bolso. No tenía nada con lo que pudiera hacer un arma para defenderse y, aunque la puerta del baño y la de la cocina estaban puerta por puerta, no se atrevía a salir por si se encontraba cara a cara con el intruso. Muy despacio, se fue levantando para coger el albornoz pero, cuando fue a poner un pie fuera de la bañera, al otro lado de la puerta se escucharon unos pies que frenaban de golpe. Ella se quedó de nuevo sin respiración, de pie y con gotas que caían dentro de la bañera haciendo un ruido que en ese momento le pareció tremendo.

 

Lo dejo aquí por hoy chicos! ¿Queréis saber cómo acaba la historia? ¿Queréis averiguar quién es el intruso? Dentro de unos días publicaré la segunda parte. Hasta entonces, a disfrutar de la semana!

 

3 Replies to “Baño de espuma”

    1. Hola Lara!
      Siento responder tan tarde. Muchas gracias por tu comentario! Me anima a seguir adelante.
      Para que lo sepas, acabo de publicar la segunda parte del relato, que lo puedes encontrar en el apartado de “Inventos y Experimentos”. Espero que lo puedas leer y lo disfrutes igual que la primera parte!

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